Muchos guardamos el queso en la bolsa en la que vino, o lo envolvemos en film, y compramos solo un trocito por miedo a que se estropee. Según los queseros, ese hábito es justamente lo que lo echa a perder antes. El queso es un alimento vivo que necesita respirar.
El error: el plástico pegado al queso
El plástico, incluido el film, no deja circular el aire y retiene la humedad. Eso favorece el moho, la textura pegajosa y que el queso tome olores y sabores raros. El papel de aluminio tampoco es la mejor opción.
El truco: envolverlo en papel y dejarlo respirar
- Usa papel manteca o papel para quesos y cubre bien toda la pieza.
- Guárdalo luego en una bolsa o recipiente sin cerrarlo del todo, o en una bolsa con cierre con algo de aire dentro, para mantener la humedad justa.
- Cambia el papel cada vez que lo uses, para que no acumule humedad.
Dónde ponerlo en el refrigerador
Lo ideal es una zona con temperatura estable, entre 1 y 5 °C, sin cambios bruscos. Evita la puerta, donde la temperatura sube y baja. Un buen lugar es el cajón de verduras o la parte menos fría del refrigerador.
Según el tipo de queso
- Frescos y blandos (ricota, queso crema, cremoso): necesitan más frío y recipiente hermético; duran pocos días.
- Semiduros y duros (sardo, reggianito, parmesano): se conservan mejor envueltos en papel y pueden durar varias semanas.
- Azules y de corteza florida: envuélvelos aparte para que no transmitan olores.
Antes de comerlo
Sácalo del refrigerador unos 20 o 30 minutos antes: recupera sabor, aroma y textura.
¿Y si tiene moho?
En quesos duros, puedes cortar la zona afectada con un margen generoso alrededor y consumir el resto. En quesos frescos o blandos, lo mejor es descartarlo.
¿Conviene comprar poco?
Comprar solo lo que vas a consumir en unos días ayuda, pero con una buena conservación puedes llevar una pieza más grande sin que se arruine. Menos desperdicio y más ahorro.