Cuando el pan queda duro, no lo tires: es justo el punto ideal para las torrejas. Al estar seco, absorbe bien la mezcla de leche y huevo sin deshacerse, y al freírlo queda dorado por fuera y cremoso por dentro. Una receta de aprovechamiento de las de siempre.
Ingredientes (4 a 6 porciones)
- 8 a 10 rebanadas de pan del día anterior (de unos 2 cm)
- 2 tazas de leche
- 2 cucharadas de azúcar
- 1 cucharadita de esencia de vainilla
- 1 cucharadita de canela
- 3 huevos
- Aceite para freír
- Para servir: azúcar y canela, miel o almíbar
Preparación
- Calienta la leche con el azúcar, la vainilla y la canela hasta que se disuelva el azúcar. Deja entibiar.
- Bate los huevos en un plato hondo.
- Remoja las rebanadas en la leche unos 15 o 20 segundos por lado. Si el pan está muy duro, un poco más. No lo dejes deshacerse.
- Escurre un momento y pásalas por el huevo batido.
- Fríe en aceite caliente a fuego medio, 2 o 3 minutos por lado, hasta que estén bien doradas.
- Pásalas a papel absorbente y luego espolvorea con azúcar y canela, o báñalas con miel o almíbar.
Consejos
- Pan firme: el pan francés o de miga compacta funciona mejor que el de molde.
- Aceite a temperatura justa: si está frío se empapan, y si está muy caliente se queman por fuera.
- Al horno: para una versión más liviana, hornea a 200 °C unos 15 minutos, dando vuelta a mitad de cocción.
Almíbar rápido
Hierve una taza de agua con una de azúcar, una rama de canela y una tira de cáscara de naranja durante 10 minutos. Baña las torrejas calientes.
Se comen tibias y se guardan hasta 2 días en el refrigerador. Calentadas en horno quedan muy bien otra vez.