Le pusiste leche, manteca, hasta un poco de queso, y el puré te siguió quedando aguado. El problema casi nunca está en lo que le agregás: está en un paso anterior, con la papa todavía en la olla.
El error más común
Hervir las papas peladas y cortadas en agua hace que absorban agua de más, sobre todo si quedan demasiado tiempo hirviendo o si se cortan muy chicas. Ese exceso de agua es lo que después arruina la textura, por más manteca y leche que le pongas.
Cómo evitarlo
- Herví las papas enteras, con cáscara, y recién pelalas después de cocidas: absorben mucha menos agua.
- Si preferís pelarlas antes, cortalas en trozos grandes en vez de chicos, y no las dejes de más una vez que están tiernas al pinchar con un tenedor.
- Escurrilas bien y volvé a ponerlas un minuto a fuego bajo en la olla, sin tapa, para que se evapore la humedad que les quedó.
- Recién ahí agregá la manteca (siempre antes que el líquido) y la leche o crema tibia de a poco, integrando con un pisapapas o tenedor, sin batir de más para que no se vuelva pegajoso.
Con estos ajustes el puré queda cremoso y con cuerpo, no aguado ni chirle.