Los rollitos de jamón y queso son una de esas preparaciones caseras que nunca fallan. Resultan ideales para una cena informal, una picada entre amigos o simplemente como un bocado sabroso para compartir en familia. La masa queda dorada y crocante por fuera, mientras que en su interior se enrosca una espiral de jamón cocido y queso fundido que se puede apreciar en cada mordida.
Lo mejor es que se hacen con ingredientes básicos que solemos tener en la cocina y su preparación no requiere técnicas complicadas. A continuación te compartimos la receta completa, con todos los pasos y consejos para que te salgan perfectos.
Ingredientes
Para la masa
- 400 g de harina 0000
- 1 cucharadita de sal
- 1 cucharadita de polvo de hornear
- 80 g de manteca (mantequilla) fría
- 1 huevo
- 150 ml de leche, aproximadamente
Para el relleno
- 250 g de jamón cocido en fetas
- 300 g de queso tybo, mozzarella o queso cremoso firme
- 1 cucharadita de orégano (opcional)
- Pimienta a gusto
Para pincelar
- 1 huevo
- 1 cucharada de leche
Preparación paso a paso
1. Preparar la masa
En un bowl amplio, colocar la harina junto con la sal y el polvo de hornear. Mezclar bien para que los ingredientes secos queden distribuidos de manera uniforme. Agregar la manteca fría cortada en cubos pequeños e integrarla con las puntas de los dedos hasta lograr una textura arenosa, similar a un migoso grueso.
Incorporar el huevo y, poco a poco, sumar la leche mientras se mezcla. La cantidad exacta puede variar según el tipo de harina, así que conviene agregarla de a chorritos hasta obtener una masa suave y manejable, que no se pegue en las manos.
2. Descansar la masa
Pasar la preparación a la mesada y unirla con movimientos suaves, sin amasar demasiado para evitar que se ponga elástica. Formar un bollo, cubrir con un paño o film y dejar descansar durante unos 20 minutos. Este reposo permite que el gluten se relaje y la masa se estire con mayor facilidad.
3. Armar el rollo
Sobre la mesada apenas enharinada, estirar la masa con un palo de amasar hasta formar un rectángulo de aproximadamente medio centímetro de espesor. Cubrir toda la superficie con las fetas de jamón cocido, dejando un pequeño borde libre en uno de los extremos para poder cerrar mejor.
Distribuir el queso rallado grueso o en fetas finas sobre el jamón, repartiéndolo de manera pareja. Si se desea potenciar el sabor, espolvorear un poco de orégano y pimienta a gusto.
4. Enrollar y cortar
Comenzar a enrollar desde uno de los lados largos del rectángulo, ajustando suavemente a medida que se avanza para formar un rollo compacto pero sin apretar en exceso. Con un cuchillo bien afilado, cortar porciones de aproximadamente 3 cm de ancho.
5. Hornear
Acomodar los rollitos de manera vertical, con la espiral hacia arriba, sobre una placa cubierta con papel manteca o levemente enmantecada. Dejar espacio entre uno y otro, ya que crecerán durante la cocción. Batir el huevo con la cucharada de leche y pincelar la superficie para lograr un dorado parejo y brillante.
Llevar al horno precalentado a 200 °C durante 20 a 25 minutos, hasta que la masa esté cocida por dentro, la superficie bien dorada y el queso derretido. Retirar y dejar reposar unos minutos antes de servir.
Tips y consejos útiles
- El queso tybo es una excelente opción porque se funde sin largar demasiado líquido durante la cocción.
- También funcionan muy bien la mozzarella o un queso cremoso de buena consistencia.
- Evita colocar exceso de queso, ya que puede escaparse por los bordes al hornear.
- Un cuchillo bien afilado es clave para cortar el rollo sin deformarlo.
- Se puede pincelar la masa con una capa fina de mostaza suave antes de colocar el jamón, para darle un toque distinto.
- Una variante muy sabrosa es agregar aceitunas verdes picadas al relleno.
- Se conservan hasta 2 días en la heladera y se pueden recalentar en horno unos minutos para que recuperen su textura.
El resultado final
Estos rollitos quedan tiernos por dentro, dorados por fuera y con el jamón y el queso perfectamente integrados en cada capa de la espiral. Son muy fáciles de preparar y funcionan de maravilla para servir recién salidos del horno, cuando el queso todavía está bien fundido y la masa mantiene toda su frescura. Sin duda, una receta clásica que siempre conviene tener a mano.