El queso puede formar parte de una alimentación saludable, incluso después de los 60 años, siempre que se elijan buenas opciones y se consuma con moderación. El problema no está en el queso en sí, sino en los productos ultraprocesados, cargados de sodio, grasas de mala calidad, aditivos y conservantes.
A medida que pasan los años, el cuerpo necesita más cuidado: la presión arterial puede volverse más sensible, la digestión cambia, los huesos requieren más minerales y el corazón necesita una alimentación más equilibrada. Por eso, elegir bien en la góndola puede marcar una gran diferencia.
4 quesos que pueden ser mejores opciones después de los 60
1. Queso gruyere
El gruyere es un queso firme, sabroso y de buena calidad nutricional. En Argentina se consigue en fiambrerías, supermercados grandes o queserías. Es una buena fuente de proteínas, calcio, fósforo y vitamina B12.
Puede ser una buena opción para adultos mayores porque aporta nutrientes importantes para los músculos, los huesos y el sistema nervioso. Lo ideal es consumirlo en pequeñas porciones, no como base principal de la comida.
Una forma práctica de usarlo es rallarlo apenas sobre una sopa, una tarta casera, verduras al horno o una tostada integral.
2. Queso parmesano o reggianito
El parmesano y el reggianito son quesos duros, intensos y rendidores. En Argentina, el reggianito suele ser una alternativa más accesible y muy usada para pastas, sopas y ensaladas.
Al estar bien estacionados, concentran sabor y nutrientes. Esto permite usar poca cantidad sin perder gusto. Aportan proteínas, calcio y minerales importantes para la salud ósea.
La recomendación es comprarlo en trozo y rallarlo en casa, en lugar de elegir quesos rallados industriales con antiapelmazantes o mezclas de baja calidad.
3. Queso gouda estacionado
El gouda estacionado tiene un sabor más profundo y una textura firme. Cuando es de buena calidad, puede aportar calcio, proteínas y vitamina K2, un nutriente relacionado con la salud ósea y cardiovascular.
No hace falta comer mucho. Un pequeño cubo acompañado de frutas, nueces o pan integral puede ser suficiente.
4. Cheddar real de buena calidad
No hay que confundir el cheddar verdadero con las fetas naranjas procesadas tipo “queso para hamburguesa”. El cheddar real viene en bloque, tiene textura firme y una lista de ingredientes mucho más simple.
En Argentina se puede conseguir como cheddar estacionado o cheddar natural. Es mejor elegir versiones elaboradas con leche pasteurizada, especialmente en adultos mayores, ya que los quesos de leche cruda pueden representar un riesgo sanitario.
4 quesos que conviene limitar o evitar después de los 60
1. Fetas procesadas tipo cheddar
Las fetas individuales para sándwich o hamburguesa suelen tener poco queso real y muchos aditivos, colorantes, emulsionantes y sodio.
Aunque son prácticas, no son la mejor opción para consumir seguido, especialmente si hay presión alta, problemas renales o colesterol elevado.
2. Queso rallado en bolsa
El queso rallado industrial puede contener almidones, antiapelmazantes y conservantes. Además, al estar ya rallado, pierde aroma y calidad más rápido.
Lo mejor es comprar queso en trozo, como reggianito, parmesano o sardo, y rallarlo en el momento.
3. Quesos untables industriales
Muchos quesos untables saborizados o de larga duración contienen aceites vegetales, almidones modificados, exceso de sodio y aditivos.
No todos son iguales, pero conviene leer la etiqueta. Si la lista de ingredientes es demasiado larga o contiene muchos nombres difíciles, es mejor buscar una opción más simple.
4. Queso azul o roquefort
El queso azul o roquefort tiene un sabor fuerte y puede ser muy alto en sodio e histamina. En algunas personas puede provocar molestias digestivas, dolor de cabeza o sensibilidad.
Además, quienes toman ciertos medicamentos o tienen presión alta deberían consultar con un médico antes de consumirlo con frecuencia. No hace falta eliminarlo para siempre, pero sí conviene tratarlo como un gusto ocasional.
Consejos y recomendaciones
- Elegí quesos en trozo antes que versiones ralladas, untables o en fetas procesadas.
- Consumí porciones pequeñas: entre 20 y 30 gramos puede ser suficiente.
- Preferí quesos con pocos ingredientes: leche, fermentos, cuajo y sal.
- Si tenés hipertensión, enfermedad renal, colesterol alto o problemas digestivos, consultá con tu médico o nutricionista.
- Combiná el queso con alimentos frescos como tomate, frutas, verduras, pan integral o frutos secos.
- Evitá usar queso en exceso para “tapar” el sabor de comidas ultraprocesadas.
Después de los 60, el queso no tiene por qué desaparecer de la dieta. La clave está en elegir opciones reales, simples y de buena calidad, y evitar los productos ultraprocesados que parecen queso, pero aportan más sodio y aditivos que nutrientes.