A partir de cierta edad, las visitas médicas se vuelven más frecuentes y, muchas veces, más importantes. Sin embargo, hay algo que pocas personas consideran: la forma en que nos comunicamos con el médico puede influir directamente en la calidad de la atención que recibimos.
No se trata de usar palabras técnicas ni de memorizar diagnósticos. Se trata de hábitos cotidianos al hablar que, sin mala intención, pueden jugar en contra de nuestra propia salud. Frases mal elegidas, silencios innecesarios o explicaciones confusas pueden provocar diagnósticos tardíos, tratamientos incompletos o consultas que terminan dejando más dudas que certezas.
Estas son cinco verdades que muchas personas mayores repiten sin darse cuenta durante una consulta médica y que conviene corregir cuanto antes.
1. Restar importancia a los síntomas
Uno de los errores más comunes es minimizar lo que se siente. Comentarios como “no es nada grave”, “es solo un dolorcito” o “no quiero exagerar” suelen surgir del deseo de ser educados o de no parecer quejosos. Sin embargo, para un médico, un síntoma pequeño puede ser una señal temprana clave.
Cuando se suaviza lo que se siente, el profesional recibe información incompleta. El resultado puede ser pasar por alto una condición que, detectada a tiempo, sería mucho más fácil de tratar. Describir los síntomas tal como son, sin restarles importancia, no es exagerar: es cuidar la propia salud.
2. Hablar de forma vaga o poco clara
Decir “me siento raro” o “me duele un poco” sin explicar dónde, cuándo o cómo ocurre el malestar obliga al médico a adivinar, y en medicina, adivinar es un riesgo.
Los detalles son fundamentales: desde cuándo comenzó el síntoma, qué lo empeora o lo alivia, con qué frecuencia aparece y cómo afecta la vida diaria. Cuanta más claridad haya, más rápido y preciso será el diagnóstico.
3. No llevar una lista de preocupaciones
Confiar en la memoria durante una consulta es una apuesta arriesgada. Es muy común olvidar mencionar síntomas importantes una vez que la conversación avanza o el tiempo se acorta.
Llevar una lista escrita con las preocupaciones principales ayuda a aprovechar mejor la consulta y evita salir del consultorio pensando “me olvidé de decirle algo importante”. No es una señal de debilidad, sino de organización y autocuidado.
4. Asumir que el médico recuerda todo el historial
Aunque un médico tenga acceso al historial clínico, no siempre recuerda cada detalle de visitas anteriores, especialmente si atiende a muchos pacientes al día. Cambios recientes en medicamentos, nuevos síntomas o variaciones en el estilo de vida deben mencionarse siempre.
Dar una breve actualización al inicio de la consulta ayuda a que el profesional tenga una visión completa y actualizada de la situación.
5. Hablar demasiado sin dejar que el médico guíe
Querer contar todo desde el principio puede parecer útil, pero en consultas con tiempo limitado puede jugar en contra. Los médicos están entrenados para hacer preguntas específicas y ordenar la información.
Lo más efectivo es comenzar con una explicación clara y concreta del problema principal y permitir que el médico guíe la conversación. Esto no significa callar información, sino organizarla de manera que realmente ayude.
Consejos y recomendaciones prácticas
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Antes de la consulta, anota tus síntomas, su duración y cómo afectan tu día a día.
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No minimices lo que sientes por educación o costumbre. Tu salud es prioritaria.
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Sé específico: describe el dolor, la molestia o el cambio con la mayor claridad posible.
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Lleva una lista de preguntas o preocupaciones, incluso si parecen pequeñas.
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Menciona siempre cualquier cambio reciente en medicamentos, suplementos o hábitos.
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Escucha las preguntas del médico y responde de forma directa y enfocada.
La comunicación en una consulta médica no es un detalle menor, especialmente después de los 60. Hablar con claridad, honestidad y preparación puede marcar la diferencia entre una visita confusa y una atención realmente efectiva. Pequeños ajustes en la forma de expresarte pueden ayudarte a recibir mejores respuestas, mayor comprensión y un cuidado más adecuado para esta etapa de la vida.