Tus riñones no gritan cuando algo va mal.
Hablan en voz baja.
Cada día filtran más de 150 litros de sangre, eliminan toxinas, regulan líquidos, controlan la presión arterial y mantienen el equilibrio de minerales esenciales como el sodio y el potasio. Sin embargo, cuando empiezan a fallar, no suelen causar dolor inmediato ni síntomas llamativos.
En lugar de eso, el cuerpo envía pequeñas señales silenciosas que muchas personas confunden con cansancio, estrés o envejecimiento normal. Aprender a reconocerlas a tiempo puede marcar la diferencia entre prevenir un daño renal o detectarlo cuando ya está avanzado.
Estas son siete señales clave que no deberías ignorar.
1. Hinchazón en tobillos, piernas o párpados
Una inflamación leve en los tobillos al final del día o párpados hinchados al despertar puede parecer inofensiva, pero suele ser una de las primeras señales de que los riñones están reteniendo líquidos.
Cuando la filtración renal disminuye, el sodio se acumula y el cuerpo retiene más agua. Este exceso se deposita principalmente en las extremidades inferiores y alrededor de los ojos. Si al presionar la piel queda una marca que tarda en desaparecer, puede tratarse de edema.
Si la hinchazón es frecuente, aparece en ambas piernas y no mejora con el descanso, conviene prestar atención. Reducir el consumo de sal, moverse a diario y mantener una hidratación adecuada suele aliviar esta carga temprana sobre los riñones.
2. Cansancio profundo y somnolencia constante
No es el cansancio normal del día a día. Es una fatiga que no desaparece ni durmiendo bien.
Los riñones producen una hormona llamada eritropoyetina, encargada de estimular la producción de glóbulos rojos. Cuando esta hormona disminuye, baja el transporte de oxígeno y el cuerpo entra en un “modo ahorro”: menos energía, menor concentración y mayor somnolencia.
Subir escaleras cuesta más, aparecen mareos leves, sensación de frío en manos y pies, y la piel puede verse más pálida. Muchas personas lo atribuyen a la edad, cuando en realidad es una señal temprana de alteración renal.
3. Cambios en la orina: color, espuma y frecuencia
La orina es uno de los espejos más fieles del estado de los riñones.
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Color muy oscuro: puede indicar deshidratación o acumulación de toxinas.
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Demasiado transparente todo el día: puede reflejar un exceso de agua y desequilibrios de electrolitos.
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Espuma persistente: posible pérdida de proteínas en la orina (proteinuria), una señal temprana de daño renal.
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Cambios en la frecuencia: orinar mucho por la noche o muy poco durante el día merece atención.
Si estos cambios se repiten varios días seguidos, un análisis simple de orina puede aportar información valiosa.
4. Dolor o presión en la espalda baja
El dolor renal no suele ser punzante ni cambia con el movimiento como el muscular. Se siente como una presión profunda y constante en la zona lumbar, debajo de las costillas.
Puede empeorar tras consumir alimentos muy salados o pasar muchas horas sin beber agua. A veces se acompaña de cansancio o cambios en la orina. Ignorarlo y recurrir a analgésicos puede empeorar la situación, ya que algunos medicamentos afectan directamente la función renal.
5. Picazón persistente o piel muy seca
Cuando los riñones no eliminan bien sustancias como la urea y el fósforo, estas se acumulan en la sangre y el cuerpo intenta expulsarlas por la piel. El resultado es picazón intensa, sequedad y una sensación de tirantez que no mejora con cremas.
Este tipo de picor suele ser más fuerte por la noche y no siempre presenta lesiones visibles. Reducir alimentos ultraprocesados, refrescos oscuros y embutidos, junto con una hidratación constante, ayuda a aliviar esta sobrecarga.
6. Calambres frecuentes en piernas o pies
Los riñones regulan minerales esenciales como potasio, calcio y magnesio. Cuando este equilibrio se altera, aparecen calambres, hormigueos o sensación de pesadez, especialmente durante la noche.
No siempre se trata de falta de ejercicio o edad. Mantener una dieta equilibrada, reducir la sal y caminar a diario mejora la circulación y ayuda a estabilizar estos minerales.
7. Pérdida de apetito, náuseas o sabor metálico
La acumulación de toxinas puede afectar el sistema digestivo. Aparecen náuseas leves, rechazo a la comida o un sabor metálico persistente en la boca. Estos síntomas suelen avanzar lentamente y muchas veces se ignoran.
Una alimentación ligera, baja en sal y azúcares, ayuda a reducir esta carga y protege la función renal.
Consejos y recomendaciones prácticas
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Mantén una hidratación constante con agua natural, en pequeñas tomas durante el día.
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Reduce el consumo de sal, embutidos y ultraprocesados.
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Camina entre 20 y 30 minutos diarios para mejorar la circulación y el drenaje de líquidos.
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Evita la automedicación, especialmente con analgésicos de uso frecuente.
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Observa tu cuerpo: hinchazón, cansancio, cambios en la orina y picazón no son normales cuando se repiten.
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Realiza controles médicos periódicos, incluyendo análisis de orina, creatinina y TFG, especialmente si notas varias señales juntas.
Tus riñones trabajan en silencio todos los días para sostener tu equilibrio interno. Cuando algo no va bien, no lo hacen con dolor inmediato, sino con señales sutiles que merecen atención. Escucharlas a tiempo permite prevenir, aliviar y proteger tu salud antes de que el daño avance. Cuidar tus riñones es cuidar tu energía, tu bienestar y tu calidad de vida.